martes, 20 de junio de 2017


Casi que detesto
cuando las pesas y el gimnasio
les remite a terminator

porque esa imagen que tienen
carga también unas valoraciones

que si el ego, que si el aspecto
pero sobre todo carga también
una ignorancia y un exceso de creencia en si mismos:
ellos ya saben por qué uno hace lo que hace
y cómo le convendría hacerlo,
que las rodillas no se adelanten a la puntas de los pies
en las sentadillas
porque una vez fueron a un gimnasio
y un instructor así les dijo.

Acaso van diciendo cómo patear
una pelota
por haberla pateado o por tener conocidos
que jueguen bien al fútbol

Peor aún es la negación de la historia
hubo pesas y forzudos en los circos
mucho mucho antes que los abdómenes de moda
que el dinero y los youtubers

Quizá detesto todo esto
porque es muestra de nuestra colonización
ya que a nadie se le ocurre que también
hay récords mundiales establecidos
por verduleros, amas de casa, oficinistas, granjeros

porque a nadie se le ocurre que no existe
el sacrificio condensado en un acto heroico
que nada es por convencerse por unas semanas o meses
como resumen tantas películas,
sino que está al alcance de todos
el poner lenta pero constantemente
un pequeño disco más en cada extremo de la barra

Puede también que todo esto
no sea más que una extensión
del orden moral que impera en mí
pero a veces me resulta necesario
aclarar que los pensamientos que ellos creen
me dirijo a mi mismo no son sino dedicados
a la tierra que brindó el hierro y el acero
a los hombres y mujeres que de allí los extrajeron
a quienes venden su fuerza de trabajo
por un puesto en la fábrica de pesas

y luego no son dedicados a nada ni nadie
son sólo acción
sólo ubicarse debajo de la barra
bajar y levantar.

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