martes 13 de marzo de 2012

Poema

Para Grisel

Qué mejor que decir
que soy un hombre escribiendo,
aún hoy que me basta con hablar.

Haber visto, de mi amor, los tobillos
en arena y agua, a la orilla del río
y que el lenguaje allí se me presente:
¿qué es el río, sino el nombre que le dimos?

Perdí tiempo creyendo en una lengua pagana,
busqué y junté, palabras, ante las sombras,
como quien reza, a quien sea.

De lo que hablo y digo
nada es cierto
ni me muestra seguro:
mi obra sólo puede ser menos
que el fluir de mi conciencia,
mi acción y mi espanto.

Algo, sin embargo, permanece
La esperanza en nuestro animal
que no es sino uno que habla;
intuición de que lo oscuro
es terreno de la luz.

De mi experiencia podrán decir que es poca
y a pesar de todo siento, veo y pienso;
vivir sin quedarme, no tomar
del pasado el modo de ver el presente
De mi experiencia como hombre
el río y el pasto en la piel
aún es poco;
la madre rota,
con su niño
ciego de pegamento, en el tren,
aún es poco

ante tus pliegues y contorno
dolerme la carne hasta el hueso
alcanza

decir lo que no tiene cómo nombrarse
dejar lo que soy
sólo es posible en tu cuerpo.

miércoles 9 de febrero de 2011

Eran altos los vientos
traían las voces de tanta nube
y silbaban a los árboles
en ocasiones nos regalaron flores

Así de desnudos, aire del aire
fue que nadie nos vio.

Me detengo, a veces,
queriendo saber por qué
aquí no podemos quedarnos,
si es de este mundo lo que te he dado.

Pero que así está bien, me dice
la flor que me dieron tus pezones.

Te tengo como un sol a mis espaldas
y una sonrisa de noche
que comparte mi esperanza.

domingo 21 de noviembre de 2010

Para morir todo se me acerca,
para que mi beso confirme
cuánto ha sostenido una calavera
(tantas formas como ha tenido
el hueso y dibujos el sarro)
antes de cerrar su mandíbula.

Entre mis dedos los ojos sangran su color
y mi oficio revive esa llama
luego de un tiempo gris.

No es mi trabajo la basura
ni la descomposición
de un cuerpo de corazón hermoso,
sino la unión de lentas astillas
hasta formar el hueso.

No un ídolo que padece
o jardines de ceniza y semillas rotas.
No las aguas marrones
en las que me he sumergido,
El hueco en el que guardo polvo y humo,
No la vibración entera que siento
cuando en mí todo
da su último suspiro.

No a esto renuncio.

Renuncio hoy a las flores
que he brotado en manos de concreto,
a la luz que he visto luego de escarbar
profundo la tierra,
a los momentos en los que me basta
con respirar para saber que respiro.

Hoy a otro lugar quiero irme,
a aquel sitio que no conozco
y en el que estás vos.

martes 9 de noviembre de 2010

Nada es sagrado

martes 2 de noviembre de 2010

José Ángel Valente

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE, Serán ceniza



jueves 21 de octubre de 2010

Piedra sobre piedra

Quisiera guardarlos,
a todos ustedes,
lejos de lo que he recolectado.

De una a otra tierra llevé
un grave silencio
que ni como silencio sonaba.

Más allá de mis hombros erguí
un altar muerto de latas
donde el fuego no arde
para quienes ya no tienen sed.
Yo aún me quemo.

Es éste costado de la vida
el que florece en mí.
Me dieron todas las semillas,
y mi sangre alimentó las más pálidas.

Pero en uno de sus brazos
este río negro ya no es turbio
cuando en sus piedras están tus ropas.

Vos sos a quien no quiero guardar
de estas aves sin plumas,
porque mi tierra ha dado un árbol
cuyo sol dibuja tu sombra.

sábado 16 de octubre de 2010

En el día una y mil lanzas afilo
Todas con el blanco de mi nombre,
aún cuando en otras sangres las empapo.