lunes, 25 de febrero de 2008

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Qué si hubiera valido
mi fuerza cuando hice girar al mundo
y la tensión de músculos
ahora relajados
como los potros mansos
que comen a tus pies,
si hubiera actuado acorde al fuego
o a la chispa cuando la llama
en mí era menor,
si hoy a vos estuviera enraizado
y colocado entre tus rizos.

Qué si ahora, entre los
brotes de deseo y el instinto
animal que teme parir la flor
de la sangre y el semen,
no me estuvieran prohibidas
las parcelas de tu cuerpo.
Concentro
el mundo en tus rodillas y a ellas
les pertenezco y en su órbita,
como miembro de todo lo que albergás,
me manifiesto: marcho y en vos dejo,
para que veas, aceptes y recojas,
el trozo de mí que lleva tu nombre.

lunes, 18 de febrero de 2008

Francis Scott Fitzgerald

Un escritor como yo ha de tener una profunda confianza en sí mismo, una inmesa fe en su buena estrella. Se trata de un sentimiento casi místico, una sensación de que nada puede ocurrirle, nada puede dañarlo, nada puede afectarlo. Thomas Wolfe lo tiene, y Ernest Hemingway lo tenía. Yo lo tuve una vez, pero después de una serie de desastres, muchos de ellos responsabilidad mía, algo le ocurrío a mi sentimiento de inmunidad y perdí pie

jueves, 31 de enero de 2008

Nick Drake















Qué era lo que querías, Nick,
amigo en habitaciones separadas
en espacio y tiempo,
impregnadas de hash y Bach,
(aunque te recuerdo mejor con Bryter Layter).
Sé lo que quiero yo:
unas botas como las tuyas
-no las encuentro por ninguna parte-
¿dónde las conseguiste,
ante qué chica pisaste con fuerza
y levantaste tímido la punta
para dejar que te rodeen fantasmas
que luego llegan a mí?
Quiero también esos
paisajes donde te perdías,
¿eran tan tuyos que vos mismo
hacías la foto? ¿rellenabas
los árboles y abonabas la tierra
con los antidepresivos que
dejabas de tomar cuando ya
te sentías bien? ¿a quién le
ofrecías las flores y los hongos
y la mirada al suelo?
Se me cruzan, tan lejos de Far Layes,
perros de ojos negros y todas
mis Hazey Janes pierden el dolor
y se quedan por más.
Yo te odio, Nick Drake,
te odio con el amor con que
se odia a un hermano mayor
que se abandona a si mismo
y al que ya no le quedan palabras
para erigir árboles de fruta,
ríos donde aprendan los hombres
y las cosas –cello, parásitos,
caminos- que tienen su lugar detrás del sol.
¿Dónde habrías de reaparecer
sino en mi tiempo? Es bueno
tenerte acá aunque no te comparta,
vos y yo en esta habitación de nadie,
nunca me decís que ponga otra cosa
cuando escuchamos tus discos.
Entonces cuando ya solo
con guitarra y voz, como más me gustás,
ves que quedan cinco hojas en el libro
apuramos las últimas caladas y te vas
dejando el silencio que mantenés siempre.
Entonces creo que sí, que te entiendo
y que sé lo que querías.

lunes, 21 de enero de 2008

Figuraciones

Yo tenía una porción de vida.
La expuse y enfrenté ídolos

con ella.

Quedaron luego fantasmas

en mi habitáculo de carne.

Hoy que los veo a los ojos,

no tengo vida alguna

con la que enfrentarlos.


.

Me dice un amigo que uno

no puede estar vacío; que hay que creer

y, en todo caso, crear

un nuevo Dios.


.

A veces tenía aunque sea

un dejo de tristeza o una razón

para estarlo y la misma razón

para combatirlo.

Creí que tanto humo no permitía

ver. Luego, al disiparse, me encontré

en terreno baldío.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Idea para el poema que X no le escribió a Y

Entonces supe que todo había terminado. Pensé en que debía sentir un impulso romántico propio de mi edad; decirle que no importaba. Y no era que entonces me importara mucho o me resultara imposible de enfrentar. Pero mi impulso fue desear que ella tampoco guardara resquicio alguno de esperanza. Ya era tarde en el parque y dijimos adiós sabiendo que ya nunca tocaría volver a vernos. Pensé por un segundo en rememorar algo suyo con exactitud. No fue hace mucho. No creo en la felicidad desde mucho antes de conocerla, pero confío en que ella sí.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Carta

Una amiga que tiene la generosidad suficiente como para dejarme algún que otro comentario en el blog, me preguntó, el otro día, que cuándo iba a actualizar esto.

CARTA

I

Hoy, a 24 de septiembre,
tres y cuarenta y nueve
de la madrugada,
noche de ceniza
-me pierdo en su recuento y reconstrucción-
en la que luces fugaces bajo mi ventana,
viene a mí la confesión
del hueco que hay entre los dos:
tu boca cantaría más cierta en otros labios
que no fuesen los míos.
Menos falso estoy en vos
que en otros cuerpos,
pero ya no es suficiente
para atentar contra la muerte.

II

Anduvimos, entonces,
por calles medio desiertas,
aniquilados de esperanza
y sin embargo todo fue verdadero
y materia de recuerdo.

(Aceptábamos el fin conociéndolo,
punto por punto, desde el principio)

Afuera de tu habitación había
viento y flores en el viento
y no supe si volaban o caían.

Echándose mutuamente de menos,
tu piel se bañó en otros brazos
y la mía en tinta.

Hoy acuden, a pesar de todo
y en homenaje a lo vivido,
las letras de tu nombre,
como polen,
como virutas,
como raíces,
a mis manos.

III

De entonces a ahora tuve tiempo
de reconstruirme,
cicatrizar con otras savias
no el daño pero sí la ausencia de la tuya;
fuiste otra forma del viento:
llevaste, inevitable, la parte de mí
que quedaba por entregar.
Pero elegí la brisa
y sin vergüenza digo
que esta decisión
poco tiene que ver con vos o con la vida.

Creéme que arde cuando
del pecho se me desprende una hoja,
y es difícil ir acumulando el polvo
en que me convierto,
a pesar de que sea el mismo polvo
que, al caer de las manos
que estrecharon las mías,
dibujará mi cara en alguna
zona perdida y no abandonada.

IV

Que no mientan estos versos abiertos:
son, en realidad, sólo tuyos.

(PD:
Admito que caí:
- Escribo para tener un espejo en el que mirarme la cara.
te dije alguna vez,
y durante un tiempo, con estos u otros versos,
lo quise recomponer fueron tus ojos)

sábado, 25 de agosto de 2007

Paseo

Como si no fuera nada distinto
a todo lo que llevamos haciendo
abramos, ahora, como con seguridad,
cada calle de nuestros cuerpos.

Propio de la sangre es no quedarse quieta:
huyamos, entonces, a pesar de las estatuas
de granito en forma de personas
y sin la certeza de llegar a lugar seguro.

Además del barro, mi historia,
y páginas no dedicadas a tu nombre,
es esto lo que tengo para vos:
manos que no conocieron más que el frío inmóvil
pero próximas a tu pecho ahora
que estás conmigo.

Al cesar todo temblor
quiero que me muestres lo que antes me había horrorizado:
la luz, la rosa, el día;
la belleza de un cuerpo que es el tuyo.
Que tu boca impregne la fruta
que hasta hoy saboreé amarga.