lunes, 26 de noviembre de 2007

Idea para el poema que X no le escribió a Y

Entonces supe que todo había terminado. Pensé en que debía sentir un impulso romántico propio de mi edad; decirle que no importaba. Y no era que entonces me importara mucho o me resultara imposible de enfrentar. Pero mi impulso fue desear que ella tampoco guardara resquicio alguno de esperanza. Ya era tarde en el parque y dijimos adiós sabiendo que ya nunca tocaría volver a vernos. Pensé por un segundo en rememorar algo suyo con exactitud. No fue hace mucho. No creo en la felicidad desde mucho antes de conocerla, pero confío en que ella sí.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Carta

Una amiga que tiene la generosidad suficiente como para dejarme algún que otro comentario en el blog, me preguntó, el otro día, que cuándo iba a actualizar esto.

CARTA

I

Hoy, a 24 de septiembre,
tres y cuarenta y nueve
de la madrugada,
noche de ceniza
-me pierdo en su recuento y reconstrucción-
en la que luces fugaces bajo mi ventana,
viene a mí la confesión
del hueco que hay entre los dos:
tu boca cantaría más cierta en otros labios
que no fuesen los míos.
Menos falso estoy en vos
que en otros cuerpos,
pero ya no es suficiente
para atentar contra la muerte.

II

Anduvimos, entonces,
por calles medio desiertas,
aniquilados de esperanza
y sin embargo todo fue verdadero
y materia de recuerdo.

(Aceptábamos el fin conociéndolo,
punto por punto, desde el principio)

Afuera de tu habitación había
viento y flores en el viento
y no supe si volaban o caían.

Echándose mutuamente de menos,
tu piel se bañó en otros brazos
y la mía en tinta.

Hoy acuden, a pesar de todo
y en homenaje a lo vivido,
las letras de tu nombre,
como polen,
como virutas,
como raíces,
a mis manos.

III

De entonces a ahora tuve tiempo
de reconstruirme,
cicatrizar con otras savias
no el daño pero sí la ausencia de la tuya;
fuiste otra forma del viento:
llevaste, inevitable, la parte de mí
que quedaba por entregar.
Pero elegí la brisa
y sin vergüenza digo
que esta decisión
poco tiene que ver con vos o con la vida.

Creéme que arde cuando
del pecho se me desprende una hoja,
y es difícil ir acumulando el polvo
en que me convierto,
a pesar de que sea el mismo polvo
que, al caer de las manos
que estrecharon las mías,
dibujará mi cara en alguna
zona perdida y no abandonada.

IV

Que no mientan estos versos abiertos:
son, en realidad, sólo tuyos.

(PD:
Admito que caí:
- Escribo para tener un espejo en el que mirarme la cara.
te dije alguna vez,
y durante un tiempo, con estos u otros versos,
lo quise recomponer fueron tus ojos)

sábado, 25 de agosto de 2007

Paseo

Como si no fuera nada distinto
a todo lo que llevamos haciendo
abramos, ahora, como con seguridad,
cada calle de nuestros cuerpos.

Propio de la sangre es no quedarse quieta:
huyamos, entonces, a pesar de las estatuas
de granito en forma de personas
y sin la certeza de llegar a lugar seguro.

Además del barro, mi historia,
y páginas no dedicadas a tu nombre,
es esto lo que tengo para vos:
manos que no conocieron más que el frío inmóvil
pero próximas a tu pecho ahora
que estás conmigo.

Al cesar todo temblor
quiero que me muestres lo que antes me había horrorizado:
la luz, la rosa, el día;
la belleza de un cuerpo que es el tuyo.
Que tu boca impregne la fruta
que hasta hoy saboreé amarga.

domingo, 12 de agosto de 2007

Poema

Morí.

Esta mi herencia:
una voz que, vencida, no pudo más que ser sincera y transparente,
ascender temblorosa y sin ritmo a través de la garganta,
ante el juicio de la página en blanco.

Es real el poema
y real el riesgo del poema:
no canto a lo que no es,
ciegos ahora mis ojos
ante la revelación
de un corazón
tan cansado
como oscuro y triste.

Pero más allá de la ceguera
los latidos seguían siendo míos;
dejé que hablaran en verso
y ahora queda un último aliento.

Durante las noches
dos fuerzas como ríos
surcaban ambos lados
de mi columna;
las aprehendí sin comprenderlas,
sabiéndolas íntimamente mías
las manoseé lo menos posible
y con los dedos más puros.
Eran verdades del momento
y sin embargo capaces de desnudarme
para mostrar la materia eterna
que me roe a todas horas.

Me quité el peso de tristeza de los hombros
y lo introduje en mi boca.
Mordí y tragué no en gesto de resistencia
sino como sumisión.
Acepté una realidad que luego
sentí aflorar en todos los poros de mi piel.

Y entonces estuve vivo.
Acepté mi nombre y
tuve un sitio, un cuerpo y un rostro.
Me pronuncié en lugares comunes
y me escucharon, como si
viniera de muy lejos, marcado
de historias inéditas.
Mi huella quedó
marca atemporal
registro permanente
entre todo lo que perece
o se repite: ojos que destellan
recibiendo el sol del atardecer,
manos en otras manos;
guardan mi aroma peso y forma
la cama en la que yací exhausto
y las sábanas que me cubrieron
como la piel de los que no dormían conmigo.
Di mi cuerpo a otros cuerpos
choque súbito de deseo
o reposo de madrugada
hasta que las anatomías,
iguales o distintas,
se fundían en una.
Agarré las máscaras libres de cicatrices con las que
vestí mi cara;
susurré vida a mi nuevo rostro
para poder compartirme por completo:
y digo, ¿vale más la mentira toda desnuda
que el peso de la verdad oculta?

Lo que no sabía
(lo que no podía saber)
era que nacer siempre duele
y que me cansaría
mucho antes de haber llegado a destino
o que sería abatido por la más mínima
piedra.
Lo que no sabía, a fin de cuentas,
era que vivir costara tanto.

¿Y qué más decir, qué agregar,
qué otros versos sumar
a los versos (materia de olvido)
que ya legué al tiempo
ahora que mi vida
fue la mejor obra posible
y que otros son las páginas
en que seré leído?

Y sin embargo esta desazón
que perdura: no haber escrito
o vivido lo suficiente
como para que en ello
se me hubiera ido la vida.

miércoles, 1 de agosto de 2007

La literatura me ha permitido siempre comprender la vida pero, precisamente por eso, me deja fuera de ella. Ser sólo una persona me parecía muy poco. De un tiempo a esta parte yo quiero ser extranjero siempre. Mi vida la doy por terminada. Ahora prefiero contármela.

ENRIQUE VILA-MATAS

viernes, 25 de mayo de 2007

A long, long time ago...

Hace casi dos años, cuando cursaba 1ero de bachillerato, tuve que entregar, como trabajo de la clase de Lengua y Literatura, un poema. También estaba la posibilidad de presentar un relato, pero me decanté por el verso. Para esas fechas, también en el instituto, se había convocado un certamen literario en las dos modalidades citadas anteriormente. Entre los trabajos presentados, el profesor seleccionaba algunos para participar obligatoriamente del certamen del colegio. Pero por supuesto que también podía presentarse por propia cuenta, sin importar que el profesor no te hubiera seleccionado.
No presenté el poema, y el profesor tampoco lo seleccionó.

El suicida

I. El

Hay en la noche última algún fragor:
cántico eterno (que ya tiene dueño),
y esta noche que se asemeja al sueño
será marco y espejo del ardor.

Ardor tibio de párpados plegados,
de bocas, lágrimas, dientes e infiernos.
El será uno y será todos. Los muertos
en los vivos se encuentran sustentados.

II. Ella

Sobre la desidia y sobre las rosas,
sobre la gente, los sueños, las cosas,
siente la sangre de un final pactado.
Piensa sobre el futuro y el pasado

y retorna por una vez enterna,
como los pájaros y la victoria,
a ese cristal que llamamos memoria
y que ya se parece a una caverna.

III. Todas las cosas ya fatales

Toca los libros en los anaqueles:
España, Argentina, Borges, Guillén.
Trémulos los pies, trémula la sien.
Piensa en los otros, y ve los papeles.

Afuera puede dar hojas un álamo,
ser las calles asfaltada por novios
en abrazo último. Ya no hay más odios,
incluso siente que el mundo es un páramo.

IV. Nuevo sol

El sol descubre lápidas retóricas.
Que deidad y persona se confundan
logran los ojos. Todos desenfundan
labios. Destacan falsas vanaglorias.

Hay un ramo ambiguo de sentimientos:
el oportuno color que las rosas,
algo más en la serie de las cosas,
pueden prodigar a unos ojos muertos.

domingo, 20 de mayo de 2007

The End

Siempre supe de finales.

Hablo de parques que ya no acuden
a la memoria ni siquiera
pronunciando los nombres propios
que les hicieron cobrar vida.
Transité cíclicamente caminos
en los que no escribí ni un trozo de historia
aún pudiendo hacerlo: perdí,
por miedos indescriptibles,
la posibilidad de recordar y ser recordado
ya sea como piedra o abrigo
en los recorridos que forman toda una vida.
Volví a lugares de partidas
sabiéndome esperado y ya conocedor
del abrazo del reencuentro
para luego volver a irme, a no estar,
a no dejar huellas ni corazones rotos.
Hablo, al fin y al cabo,
de vivir como si se estuviera muerto.

Hoy, sin embargo, mi cuerpo se rebela
ante los temblores de un final inminente,
me lleno de nombres y teléfonos
intento último de prolongar todo lo sucedido
desde el comienzo.
Prolongaré contactos para la creación de fantasmas
a base de voces sin rostro tras la línea telefónica
y continuaré, a través de la distancia, como compañero
de mis compañeros
para no volver al sabor amargo
de lo que, por cobardía, jamás llegó a nada.
Sobre la extensión del tiempo dilataré
la posibilidad de historias para, así, no llegar
a otro desenlace nulo ni a un hueco en el pasado.

Luego ni siquiera las noches despierto
o los amaneceres desesperados
harán mella en mí:
no habrá ni motivos ni sangre
para un último momento de valentía:
viviré en un tiempo pálido
con los espectros de todos los que se van
y jamás cerraré este capítulo.