martes, 2 de noviembre de 2010

José Ángel Valente

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE, Serán ceniza



jueves, 21 de octubre de 2010

Piedra sobre piedra

Quisiera guardarlos,
a todos ustedes,
lejos de lo que he recolectado.

De una a otra tierra llevé
un grave silencio
que ni como silencio sonaba.

Más allá de mis hombros erguí
un altar muerto de latas
donde el fuego no arde
para quienes ya no tienen sed.
Yo aún me quemo.

Es éste costado de la vida
el que florece en mí.
Me dieron todas las semillas,
y mi sangre alimentó las más pálidas.

Pero en uno de sus brazos
este río negro ya no es turbio
cuando en sus piedras están tus ropas.

Vos sos a quien no quiero guardar
de estas aves sin plumas,
porque mi tierra ha dado un árbol
cuyo sol dibuja tu sombra.

sábado, 16 de octubre de 2010

En el día una y mil lanzas afilo
Todas con el blanco de mi nombre,
aún cuando en otras sangres las empapo.
He muerto y todavía
no me he cansado del todo.

martes, 24 de agosto de 2010

No debería vivir uno así,
tallando suave con las propias manos
una piedra de espinas.

No debí haber vivido así,
dando la espalda a un dolor:
tomándolo, tomándolo
como un ocre aire espeso.

Cuánta arena, cuánto vidrio
he guardado aquí en la fosa de mi pecho.

Este dolor de mundo
me ha comido, aún luchando retirándome.
Tenía yo otro mundo aquí guardado,
con una bandera que saludaba
a quienes nunca venían.

Nadie había muerto en esta tierra
ni se celebraban nacimientos.
Sólo yo salía y entraba,
acompañado siempre del mismo grito.

Tengo una cabaña junto al arroyo,
afluente de sangre donde habito:

He traído sólo mis manos
para derribar mi casa.

viernes, 18 de junio de 2010

Para Indie, in memoriam

Quisiera escribir un poema
con esos elementos que no tengo.

Sé que el agua escapa de mis manos
porque es agua y no hay más razón que ésa
y el fuego quema
porque está para que sólo me acerque.

Hoy no hay nada aquí mas que viento
y ahora que te dejé y te fuiste
paseamos separados y solos.

Y la tierra, Indie, todos seremos ella.
Perdoname no estar ahí para enterrarte
sosteniéndote entera entre mis brazos
igual que cuando te fui a buscar
para llevarte a casa.

Hoy quisiera existir sabio y sencillo
como la Naturaleza y tu parte en ella,
pero...¿qué sabemos los hombres de todo esto?

Si mi humanidad tiene algo de provecho
y no te es extraño este poema,
si logra simplemente ser
como vos fuiste cuando eras
y tan liviano como el barro era barro
manchando tus patas,
me permitiré guardármelo
como te guarda
la tierra del jardín.

lunes, 26 de abril de 2010

Levantó una piedra,
tu amor,
de mí
con un temblor hecho manos
un llanto en la noche:
la profundidad, lo espeso de este agua
que nos sumerge
de la que respiramos sus burbujas.

Rama tu sombra, hundo en ella mis dedos
carne en la noche
carne sombra, un hueso en este y cada día
Raíz tus tetas
agota respírame
como cuando sos vos
la que respira atragantada.

Raíz raíz rama hoja
Son muchos los soles aún sin tiempo
aún eterno mi agujero
mi animal
Pasan los vientos, las aguas
en exploración de tus orillas
del aprendizaje del canto
de tus ecos:
un arrullo de truenos
colchón de roca, el musgo
como cera o arcilla modelo
tótems con tus caras
Vidrio vidrio nuestro movimiento
igual de juntos siempre
más ancho en el fondo nuestro lecho
para cobijarnos.

Subo atravieso tus caudales
remo en tu sangre
baño mi cabeza en tu corazón
Agua gota ser
de tu barro lo suave
nunca más, jamás, polvo,
verdes vivamos.

Nada ajeno, nada extraño
nada que temer
luego de tantos días, tantas noches,
adentro de tus venas,
tus cuevas playas árboles

Mi ropa en jirones
visiténdome en desnudez
para estar aquí:
Aquí, desde donde te veo
ya muy cerca, llevando
el corazón del que traigo mi parte.

He llegado.